"Nunca he encontrado algo que me haga vivir" pensó el junto a sus cervezas, en una de esas malgastadas pero entretenidas tardes que sucumben en el interior de todo joven, todo hombre.
Ella, que se convirtió en una sombra opacada por su mente, lo miraba sin parpadear, intentaba penetrar su oscuro muro construido arduamente de todos los sueños, todas las ilusiones y recuerdos, de toda la mierda que se quitaba todas las semanas para colocarla seguramente, como uno de los mas seguros ladrillos.
Ella no lo soportó mas y junto a las palomas y arboles que los rodeaban, decidió terminar con el silencio y preguntarle ridiculeces (eso pensaba ella), hablar sin parar; y no porque fuese estúpida, sino porque la voz de el invadía su interior, calmaba sus sueños, tocaba inconscientemente las fibras de su alma para dejarla tranquila.
Después de un cruce de frases y pocos encuentros de miradas, el marchó vagamente hacia cuatro paredes más reales y con una tímida sonrisa se despidió de ella.
Desperdiciaron semanas y en un día de esas, se sentaron nuevamente en una banca. Rieron un poco con la cotidianidad y burlaron un poco la rutina. No hablaron mucho, solo dejaron que los besos desarmaran las palabras y llenaran, aunque fuera por instantes, sus frías almas y sus roídos corazones.
"Adiós" dijo el, "cuídate" dijo ella.
II
"No lo volveré a pensar" insistía la mente de ella con la sangre hirviendo. Cada día que pasaba sin oírlo le confirmaba que lo había dejado atrás, que ya no le importaba.
Sin duda sus corazones eran totalmente diferentes pero latían con el mismo ritmo y eso era lo que ella ignoraba.
Cambió sus palabras y sonrisas por orgullo e indiferencia, le hizo frente a sus afectos para volver a ser la misma mierda. Parecía otra aunque se dijera lo contrario una y otra vez.
Y aunque sus creencias no se basaran en el porvenir y en la casualidad; el destino no jugaba a favor, ella no recibió llamada alguna y ahora de sus labios se despegaba el sabor de los besos que alguna vez el le dio.
En ese momento el recuerdo de su voz dolía, el de cada letra saliendo de dentro de sus dientes la golpeaba con tal fuerza que llegó a odiar sus labios fríos.
Ella siguió adelante.
III
El despertó una mañana sin sueños, medio muerto ahogado de olor a cigarrillo. Sus labios sabían a nicotina revuelta con besos sin pasión. Para el todo fue simplemente rápido y lo dejó con tantas nauseas que no volvería a repetir esa historia o cualquiera que se le pareciera.
Apagó todo contacto con la humanidad y se limitó a caminar y absorber el brillo de la luna mientras consumía el humo de los días, oyendo "Stand by me" perdido en sus pasos.
Encontró una banca al lado de un árbol, al cual le faltaba tanto vida como hojas, y se dispuso a leer algo de Kundera.
Lo detestó, quiso arrojarlo y quemar sus 316 páginas y escupirlo múltiples veces; deseó no haberlo leído ya que por este, se dio cuenta que ella es su levedad y el amor, su peso y en venganza el libro gritó "Muss es sein ? Es muss sein ! ".
Corrió con tanta fuerza que apenas le temblaban las piernas, se dirigió a su jaula de cristal donde ni siquiera pensó para actuar todo fue mecánico : cogió el encendedor, prendió su cigarrillo y se echó un plon que le llenó los dos pulmones.
Y antes de que botara el sucio humo de sus labios carnosos y nauseabundos, miró pálido con brillantes ojos atónitos la madrugada y en medio del silencio crepuscular, se dijo a sus adentros " Soy nadie " .