Sólo hay que divagar unos instantes para entender que por este corazón sólo corre sangre, que va y viene, se sumerge muy dentro pero no lo suficiente para quemar esos deseos, esa inquietud.
Pensar, sentir ya no son adjetivos, por momentos se convierten en un verdadero fastidio con los que minuciosamente quemo con el humo e intento borrar con las cenizas de mis labios, para quedar frente a la ansiedad.
Esa ansiedad de rutina, que mata que vive, con la que se levanta y se acuesta, esa que se lava y se plancha para colocársela y que nunca deje de acompañar, para que nunca falte, porque no hay nadie, nadie que acompañe mas que esta ansiedad.
Nada vale esconderse, nada vale correr. Me persigue en cada "tic" y me encuentra en cada "toc" del reloj; sólo saluda y se despide, me busca y se va, de a poco quiebra con cada respiración, con cada sutil pensamiento que archivo para desechar después.
... Y justo cuando creí escapar de tu sonrisa, tus ojos; mi sangre empieza a quemar.
[Creo un largo, prolongado y ordenado trastorno de los sentidos hasta obtener lo desconocido]
Jim Morrison
miércoles, 30 de noviembre de 2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
Lluvia en Viernes
Salí corriendo, me escondí cerca de la nada quizá para que ni la nada me reconociera; admito que huí desesperada y alterada, con tanta ansiedad en mis venas que apenas entendía lo que era caminar sin rumbo.
No tenía claro que era lo que quería, sólo tenía claro que ahí ya no podía estar...Es más, ni quería estar. Seguía en pasos melancólicos, perdidos, llenos de esa nostalgia matutina con la que suelo toparme hora tras hora y mi mente...Mi mente si que estaba perdida, no se hallaba en ningún rincón.
Miré el asfalto sucio con la que esta ciudad me envuelve y de repente, como un rayo atraviesa el cielo oscuro, pude recordarte y te miré, pude observarte en imágenes borrosas que soltaban un leve grito de soledad o mas bien, de sosiego.
Sin dudarlo, tomé tu mano y empezamos a caminar en medio de la lluvia. Esa lluvia era como las lluvias de los Viernes, frías, llenas de tranquilidad, de pálpitos del corazón; esas lluvias típicas que solemos compartir aún en nuestros días mas grises.
Sonreí, me sonreíste y pude entender, que era nuestro Viernes de lluvia.
No tenía claro que era lo que quería, sólo tenía claro que ahí ya no podía estar...Es más, ni quería estar. Seguía en pasos melancólicos, perdidos, llenos de esa nostalgia matutina con la que suelo toparme hora tras hora y mi mente...Mi mente si que estaba perdida, no se hallaba en ningún rincón.
Miré el asfalto sucio con la que esta ciudad me envuelve y de repente, como un rayo atraviesa el cielo oscuro, pude recordarte y te miré, pude observarte en imágenes borrosas que soltaban un leve grito de soledad o mas bien, de sosiego.
Sin dudarlo, tomé tu mano y empezamos a caminar en medio de la lluvia. Esa lluvia era como las lluvias de los Viernes, frías, llenas de tranquilidad, de pálpitos del corazón; esas lluvias típicas que solemos compartir aún en nuestros días mas grises.
Sonreí, me sonreíste y pude entender, que era nuestro Viernes de lluvia.
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